reflexión o memorandum si lo quieren entender así
De todo corazón, deseamos que disfruten de su experiencia en nuestra Sala. Especialmente en Aperegrina, donde, hasta hace poco no entraba la prisa. El encanto del Carmen, que a mi me hechizó desde que iba en falda de tablas al colegio…. ejercía un poder mágico. De entrega. de disfrute. De pasión. Casi sexo.
Nosotros…. disfrutamos apasionadamente también de cada servicio. Especialmente los que sabemos que son nuestros últimos pases. Porque la vida es corta; Y PORQUE NUESTRA HOSTELERÍA SE MUERE.
Por eso nos hemos rendido a la lucha de pedir respeto y seriedad. Somos conscientes de que somos unos privilegiados, porque nuestros clientes, son los mejores de Valencia. Pero si los comensales fallan, de poco sirve pedir disculpas. Sólo sirve para amargar la comida a los que sí han cumplido, y para sonrojar al que dió la cara y reservó, leyendo ( o no) nuestra política de cancelación y reservas.
Solo un servicio, apabullante de calor….. solo un pase. 35 sillas en sala.
17 llamadas que no podemos atender. Reservas que se quedan sin mesa.
mesa 6 falla 6 plazas,
mesa 4 falla 2 plazas, habiendo llamado ayer a las 24h para confirmar su mesa y pedir ubicación de la misma
mesa 2 falla 1 plaza,
mesa 9, cancela media hora después de su hora de entrada,
Es insostenible.
La hostelería no se muere, se mata, por la falta de respeto y seriedad.
El problema no es la pérdida económica, ( que existe ), es la otra pérdida. La de la droga mental que alimenta a los hosteleros de vocación. Que es irreparable. Arrastra como un tsunami las ganas de trabajar, la sonrisa, la inspiración.
Es terrible.
Y nadie se da cuenta.
Dentro de poco comeremos plastificado, y nos sabrá a pena.
Espero no verlo. Machete a los ausentes.
NO habrá piedad.
